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Vida del Hermano Pedro de Betancur Convertir en PDF Version imprimable
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El Hermano Pedro, un hombre de Dios

Sonando una campanilla y recitando en voz alta una estrofa para hacer meditar, recorría por las calles de la Muy Noble Leal Ciudad de Santiago de los Caballeros de Goathemala, allá por los años de 1660, un humilde hermano terciario llamado Pedro de San José de Betancur. Con voz que llega al corazón, deteniéndose en cada esquina, agitaba su campanilla y recitaba:

Acordaos hermanos que un alma tenemos y si la perdemos no la recobramos.....


El Hermano Pedro, como se le conoce popularmente, tiene en la historia de Guatemala un lugar especial. Su corto paso por este país de 16 años en total -de los cuales sólo 12 perteneció a la vida religiosa- marcó una época y trazó un destino de amor y servicio cristiano que aún hoy, a más de 300 años de su muerte, hacen su extraordinaria figura inolvidable y muy querida.


Su obra de trascendencia material y espiritual, ha perdurado a través de los siglos y abarca campos tan únicos en ese entonces como la fundación de la primera Orden Religiosa en el Nuevo Mundo, la primera aula de alfabetización para adultos, ser médico naturista, maestro con métodos pedagógicos avanzados a su tiempo y muchas otras largas de enumerar. Dentro de ellas resaltan el haber sido precursor nato de lo que hoy se conoce como asistencia o Servicio Social, a través de la fundación del primer Hospital para Convalecientes, innovadora idea inspirada al observar que muchos enfermos que escapaban de la muerte en los hospitales grandes, morían durante la convalecencia por falta de los cuidados necesarios en este período, no de medicinas sino de atenciones especiales hechas con amor, paciencia y misericordia.


Otra extraordinaria muestra de su gran espíritu de amor cristiano y sensibilidad social, fue el abogar por los prisioneros para que se estableciera lo que hoy conocemos como redención de penas carcelarias por trabajo y buen comportamiento.


También estableció roperos de asistencia para pobres, en donde se proporcionaba ropa usada y comida; igualmente, visitas a los hospitales y cárceles, para atender a los recluidos llevándoles alimento espiritual a través de consuelo, oración y comida para el cuerpo, a la vez de ayudarles en las pequeñas cosas que necesitaban, que entonces se vuelven muy importantes, como escribir cartas para su familiar y autoridades, limpiarlos, cambiarles ropas, etc. Puso en práctica el precepto bíblico que dice: "Si un hermano o hermana están desnudos y tienen hambre y tú le dices: Id en Paz, calentaos y saciaos pero no le das alas cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? (Santiago 2:15-16).


Su vida, obra y acciones son un ejemplo vivificante de lo que es servir a Dios siguiente. Su inspiración y voz, pues al analizar la vida de Pedro de Betancur, un joven sencillo con preparación muy elemental y sin rasgos de genialidad, se tiene que admitir que fue una persona iluminada por Dios, a quien obedeció en todo.


Este librito presenta una manera resumida el relato histórico y documentado de la vida y obra de Pedro de Betancur, el Hermano Pedro, situándolo dentro del marco y el momento de su vida en Guatemala, hace más de 300 año; incluso reconstruyendo etapas desconocidas como la ruta que siguió desde su salida de Tenerife, Islas Canarias, hasta su arribo a Guatemala, en su verdadera dimensión de tiempo, distancia y dificultades.


No es un relato religioso, es un relato histórico, humano, auténtico, de una vida ejemplar e inspiradora llena del mismo amor que Jesús vino a dar a la humanidad y que El derrama abundantemente en todos para prodigio al prójimo sin distingo alguno, pero que desafortunadamente no hacemos.


La vida de Pedro de Betancur debe ser hoy un ejemplo más inspirador que hace 300 años, porque la necesidad de amor, justicia, consuelo, misericordia y perdón, es mucho más grande.

Nacimiento, infancia y juventud


Nació Pedro de Betancur (como fue su nombre originalmente pues el de "San José" se lo agregó después), el 21 de marzo de 1626 en Chasna de Vilaflor, Tenerife, Islas Canarias. Tuvo cuatro hermanos: Mateo, Pablo de Jesús, Catalina y Lucía. De ellos, Mateo se vino a América, posiblemente a Ecuador; Pablo de Jesús se trasladó a Orotava, cerca de Tenerife, muriendo a avanzada edad; Catalina, la hermana mayor, se casó y vivió en Garachico, hasta su muerte; y Lucía, la menor, se hizo monja.


El origen de la familia se remonta a don Juan de Benthancourt, conquistador de las Islas Canarias en 1401. El apellido Betancur era originalmente Bethancourt, de origen normando, sufriendo cambios a Bethancur, Betancurt, Bethancuourt y Betancur. Este apellido, en varias de sus diferentes modalidades, se encuentra en otros países de América, por ejemplo Cuba, Colombia, Argentina y Guatemala, pero se desconoce si son del mismo origen familiar.


La niñez de Pedro transcurrió en la bella campiña de Vilaflor, tranquila y alejada del mundo. Era un niño modesto, callado, talvez un poco retraído, pero de constitución fuerte por sus trabajos en el campo. Desde muy pequeño tuvo predilección por las cosas de Dios, orando todo el tiempo, incluso cuando estaba en el campo cuidando las ovejas de su padre.


La familia Betancur no poseía dinero, eran de abolengo pero de pocos recursos. Su papá tenía tierras y ovejas, que perdió en manos de un usurero, habiendo aceptado que Pedro, entonces de 12 años, entrada al servicio de tal persona como condición para recuperarlas. Varios años estuvo Pedro en esta condición, que desempeñó con toda humildad y fidelidad.


Siendo un joven de 22 años y habiendo fallecido su padre, se entusiasmó con los relatos que oía de la América y empezó a acariciar la idea de ir allá, para llevar el cristianismo. Su mamá, que lo amaba entrañablemente, no quería perderlo e hizo arreglos de boda con un vecino que tenía una hija casadera. Todos estaban encantados menos Pedro, él sentía el llamado de ser misionero.


Pidió orientación a Dios y El le mostró que hablara con una tía, a quien confió sus sentimientos. Esta mujer, de gran comprensión, convenció a su hermana que Pedro no era para el mundo y que lo dejara marchar a la América, a servir a Dios. Desechos los planes matrimoniales y siguiendo la inspiración divina, Pedro dejó su casa y marchó a embarcarse al Puerto de Santa Cruz de Tenerife.


No quiso decir nada a su madre y hermanos, pero antes de zarpar, les escribió una larga carta explicándoles su determinación de servir a Dios en las tierras del Nuevo Mundo.

Su viaje por Guatemala


Nunca había oído hablar de Guatemala, ni siquiera sabía que existía; el país que había escogido era Honduras, por consejo precisamente de su tía, que había oído hablar de esa tierra a un lejano pariente, Fray Luis de San José de Betancur, que vino a Guatemala con el Conde de la Gomera en el 1633. Seguramente se impresionaría con sus relatos y se le grabó el nombre de Honduras, ruta obligada de viaje en aquellos tiempos.


Tenía 23 años cuando embarcó el día sábado 18 de Septiembre de 1649 en un navío de velas que iba rumbo a la Habana, de donde luego proseguiría su viaje en otro barco de los que hacían comercio entre Veracruz, Campeche y Honduras.


Los viajes en aquellos tiempos eran largos y difíciles, llenos de peligros e incertidumbres. Ir desde las Islas Canarias hasta La Habana, que era la ruta a seguir, para después continuar a Honduras, tomaría talvez dos o tres meses en los barcos de vela, dependiendo de los vientos y la buena suerte. Tras un largo viaje de meses y múltiples vicisitudes, al fin el barco llegó una mañana de sol y brisa al puerto de La Habana, en donde Pedro tendría que esperar el nuevo buque que lo llevara a Honduras. Pero el tiempo pasaba y no salía ninguno, sólo para Veracruz y otros puertos y Pedro quería ir a Honduras, algo lo llamaba a esas tierras.


Todos los días iba al muelle, preguntaba, esperaba... y nada. Para no desesperarse dispuso usar su tiempo aprendiendo el oficio de tejedor y el 4 de Septiembre de 1650, casi un año después de haber salido de Tenerife, entró de aprendiz en los telares de don Jerónimo Xuarez, a quien pagó diez pesos por la enseñanza. Vivía donde un buen sacerdote, pero para ganar su comida hacía cuanto oficio se le presentara. Su comportamiento y dedicación eran tan ejemplares, que sabiendo su maestro que no tenía dinero para el pasaje, ofreció conseguirle el viaje si llegaba alguna nave que fuera a Honduras.


Un día ¡al fin! Llegaron a contarle que había una embarcación que iba a Honduras. Feliz y contento corrió al muelle y aquí cierto sujeto le contó que efectivamente, esa nave iba para Puerto Trujillo, en Honduras, llevando como pasajeros a unos comerciantes que conducían sus mercancías a Guatemala. Tan pronto como Pedro oyó ese nombre, preguntó: -"¿Cómo se llama esa ciudad?" Y al oír de nuevo el nombre de Guatemala, dijo:- "A esa ciudad quiero ir, porque con interior júbilo y superior fuerza me siento animado a caminar a ella, luego que he oído nombrarla, siendo así que ésta es la primera vez que oigo su nombre."


Su buen maestro gestionó que para pagar por su pasaje lo recibieran de marinero y allá fue Pedro, feliz de partir a las tierras añoradas. El barco se hizo a la mar y él, desde cubierta, dijo adiós a la bella ciudad de La Habana, a su maestro, al sacerdote que le diera posada y a sus amigos y compañeros de trabajo, que conmovidos ante aquel espíritu que irradiaba luz amor, acudieron a decir adiós con lágrimas en los ojos, comprendiendo que ese joven de 24 años que partía a tierras desconocidas, era un hombre de Dios obedeciendo su llamado divino.


Sobre el tiempo que Pedro de Betancur vivió en La Habana no se ha hecho ninguna investigación histórica, sin embargo es de suponerse que dada su naturaleza bondadosa y de servicio hacia el prójimo, su obra trascendió pues existe en la provincia de Matanzas un municipio que se llama "Pedro de Betancur", seguramente en su recuerdo. Nótese que no se llama "Pedro de San José...", nombre que adoptó hasta que estuvo en Guatemala. También existe en La Habana un instituto educativo muy famoso, con el mismo nombre.


La nave en que viajaba Pedro tenía que parar primero en Puerto Trujillo, Honduras. En el barco trabajaba de lo que le asignaran y lo hacía con tanta buena voluntad y eficiencia, que el Capitán, estaba contentísimo con él. Al acercarse a Puerto Trujillo, le propuso formalmente que se quedase, ofreciéndole buena paga, pero Pedro rehusó pues su llamado era otro.


El Capitán entonces, dispuesto a retenerlo a como diera lugar, ordenó que no lo dejaran desembarcar. Ante tal orden, Pedro sintió una puñalada en su pecho pues el sólo quería realizar su sueño de servir a Dios en el Nuevo Mundo; sin embargo, acató la orden con humildad y se encerró en su camarote a pedir ayuda divina. Repentinamente, le entró un alta y extraña fiebre y otros síntomas sospechosos de grave enfermedad, que hicieron temer al Capitán que fuera la temible "peste", que entonces azotaba la región. Decidió que lo mejor era tirarlo a tierra, para que tuviera sepultura y no se lo comieran los peces. Entre varios hombres lo arrastraron hasta una playa escondida, donde quedó tirado, inconsciente. Al alejarse el barco, Pedro volvió en sí, sanado en forma milagrosa. Agradecido besó la tierra y lloró de alegría pues comprendió que era Dios quien lo había salvado, para que lo sirviera en donde El deseaba. El mar se había llevado su poco equipaje, pero no le importó, se levantó y empezó a caminar, buscando la ruta a Guatemala.


De la playa para el poblador de Trujillo habitan tres leguas. Caminó y al llegar a las primeras chozas, pidió albergue para esa noche y algo de comida, a fin de recuperar sus fuerzas.


El Puerto de Trujillo fue fundado en 1524, en el lugar conocido como Punta de Caxinas, que es donde Cristóbal Colón tocó en su cuarto y último viaje.


Una vez recuperado, días y noches caminó Pedro en su peregrinaje, valerosamente, unas veces a pie y otras en mula, cuando algún viajero caritativo le proporcionaba ayuda. Cruzó montañas, ríos y selvas entre pantanos y peligrosos desconocidos, preguntando aquí y allá, comiendo hierbas y raíces. Poco a poco, fue cubriendo la enorme distancia que abarca desde Puerto Trujillo, en la costa Atlántica de Honduras, hasta la entonces ciudad de Santiago de los Caballeros de Goathemala, hoy conocida como Antigua.


Al pensar en esa distancia, los peligros y el desconocimiento de la región, en la resistencia, entereza y espíritu de Pedro de Betancur para lanzarse a tal aventura hace 300 años, se tiene que admitir que era guiado por Dios.

Cronología de la vida del Hermano Pedro

1626: 19 de marzo: Nace en Vilaflor (Chasna) en Tenerife una de las Islas Canarias.

Sus padres fueron: Amador González Betancur de la Rosa y Ana García y sus hermanos: Luisa, Catalina, Juan, Mateo y Pablo. Don Amador era descendiente de Maciot de Bethancourt, primo de Juan de Bethancourt el conquistador de las Canarias. Maciot fue el segundo gobernador de Canarias y se casó con la princesa Teguise, hija de Guardarfá, rey de Lanzarote.


21 de marzo
: Recibe el Santo Bautismo en la Parroquia San Pedro.


1630: 2 de junio
: Recibe la Confirmación. Alcanzaba la edad suficiente se dedica al pastoreo de ovejas.

A los 14 años pasa a servir a la familia de los Soler para que el padre pudiera gozar del derecho de cultivar una finquita, porque la había perdido por no poder pagar el tributo.

1649: 18 de septiembre: Queriendo su mamá casarle, sin despedirse de los suyos, del Puerto de Santa Cruz en Tenerife, se embarca clandestinamente para las Indias.

Llegado a La Habana, Cuba, en espera de poder continuar el viaje, aprende el oficio de tejedor.


1651
: A principios de 1651 viaja hacia Honduras y Guatemala.


18 de febrero
: Caminando a pie desde de Trujillo (Honduras), llega a la ciudad de "Santiago de los Caballeros" (Antigua Guatemala). Gravemente enfermo, ingresa al Hospital Real de Santiago.


4 de septiembre
: Comienza a trabajar en el taller de tejidos de Don Pedro de Armengol.


1652: Octubre
: deseando ser sacerdote, entra en el Colegio San Lucas de la Compañía de Jesús.


1653
: 30 de noviembre: Entra de Hermano de la Cuerda de San Francisco.


1654
: Finales: Abandona los estudios y se traslada a la Iglesia del Calvario como superintendente de la construcción de esta Iglesia.


8 de diciembre
: Firma "el Pacto de sangre" de defender la Inmaculada Concepción de María hasta con el sacrificio de su propia vida.


1655
: 10 de enero: Presenta la petición para ingresar a la Orden Franciscana Seglar.


14 de enero
: Viste el hábito cubierto de la Orden Franciscana Seglar.


24 de enero
: Viste el hábito descubierto de la Orden Franciscana Seglar.


1656
: 8 de junio (o 11 de junio): emite la profesión en la Orden Franciscana Seglar.

Estando en la Iglesia del Calvario funda un grupo de hombres espirituales para hacer ejercicios devotos, impulsa el rezo del Santo Rosario e inicia la formación intelectual y espiritual de los niños de la calle.


1658
: 24 de febrero: funda la Casa Belén, que es hogar para convalecientes pobres y personas sin techo, escuela de primeras letras y catequesis para niños y oratorio. Inmediatamente algunos terciarios se le agregan para el servicio de la casa.


1660
: 8 de diciembre: Inicia la construcción de la Enfermería de Belén.


1661
: Antonio Rodríguez (Hermano Antonio de la Cruz), terciario franciscano, pasa a vivir con el Hermano Pedro en Belén, constituyéndose en el primer compañero del Hermano Pedro.


1663
: 20 de noviembre: Solicita ante el alcalde de Santiago, el capitán Don José de Aguilar, que se hiciese información al Rey sobre la fundación de Belén.


7 de diciembre
: El Hermano Pedro solicita al Rey Felipe IV la aprobación del Hospital de Belén.


1665
: 30 de noviembre: Bendición de la Enfermería de Belén.


1667
: 18 de abril: El Hermano Pedro, cae en cama, gravemente enfermo de una neumonía, causada por los descuidos y las andanzas nocturnas por las calles de Santiago, durante las cuales tocando su campanita gritaba. "Santo Dios, Santo Fuerte, Santo inmortal, tened piedad y misericordia de nosotros" y "Un alma tienes no más, si la pierdes ¿qué harás?".

20 de abril: Entre la una y dos de la mañana, dicta su testamento.

25 de abril: A las dos de la tarde, rodeado de sus compañeros, entrega su alma a Dios.

26 de abril: Solemne funeral y entierro en la tumba de los frailes franciscanos en el Templo San Francisco El Grande en Antigua Guatemala.

2 de mayo: Llega a Guatemala la Real Cédula, que doña Mariana de Austria, Reina Gobernadora, regente de Don Carlos II, había expedido el 10 de noviembre de 1666 otorgando la autorización para la fundación del Hospital de Belén.

20 de agosto: El obispo Don Payo de Rivera aprueba las primeras Constituciones de los Hermanos Betlehemitas. Con este acto, nace jurídicamente una nueva Orden, la primera, que alcanzó aprobación pontificia con votos solemnes, en la América Colonial.

1668: 25 de enero: Don Payo de Rivera confirma las Constituciones y los Hermanos Bletemitas emiten su primera profesión.

4 de febrero: Aprobación de parte del Obispo Don Payo de Rivera del nuevo hábito de los Hermanos Betlehemitas.

1686: Los restos mortales del Hermano Pedro son trasladados a la antigua capilla de San Antonio de Padua.

1692: A causa de los trabajos de la ampliación del Templo de San Francisco El Grande, se hace un nuevo traslado de los restos entre el altar de San Antonio de Padua y el de San Pedro de Alcántara.

1698: 28 de febrero: Después de varias gestiones fallidas, el Ayuntamiento de Santiago de los Caballeros solicita el inicio al proceso ordinario par ala beatificación del Hermano Pedro.

2 de mayo: Los Hermanos Betlehemitas solicitan que se inicie las informaciones canónicas y el 25 de agosto el Obispo otorga todas las licencias del caso.

1703: Nuevo traslado de los restos en una alacena del presbítero del Templo de San Francisco El Grande al lado de la epístola.

1771: 25 de julio: El Papa Clemente XIV declara Venerable, al Hermano Pedro.

1817: Estando el Templo de San Francisco El Grande en ruinas, se hace un nuevo traslado de los restos del Hermano Pedro a la capilla de la Tercera Orden.

1960: A partir de 1960 los Postuladores Generales de los Franciscanos, Padre Antonio Leghisa antes y Padre Ernesto Cairoli después, dieron vida a un vasto movimiento Pro Beatificación del Hermano Pedro. El epicentro del movimiento estuvo en Guatemala y sus principales animadores fueron el Cardenal Mario Casariego, Arzobispo de Guatemala, El Padre Angel Murcia, Vicepostulador, y el Licenciado José Francisco García Bauer, Secretario general.

1980: 21 de mayo: Exhumación privada de los restos del Venerable Siervo de Dios Pedro de San José Betancur.

22 de junio: El Papa Juan Pablo II, declara al Hermano Pedro, Beato de la Iglesia.

1990: 14 de octubre: Se abre la tumba del Hermano Pedro y procede al reconocimiento canónico y científico de los restos mortales.

28 de octubre: Después del reconocimiento canónico, los restos mortales del Hermano Pedro se trasladan al actual sepulcro en la Capilla de la Vera Cruz.

2001: 7 de julio: Ante el Papa Juan Pablo II se promulga el Decreto que testifica la autenticidad del milagro presentado para la canonización del Hermano Pedro.

Julio de 2002: Canonizado por el Papa Juan Pablo Segundo en el Hipódromo del Sur

Fuente:www.lexenesis.com

 
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